Medio siglo sin la encendida impronta musical de Ígor Fiódorovich Stravinsky

La primera visita de Stravinsky a la Argentina en 1936 causó sensación.

La primera visita de Stravinsky a la Argentina en 1936 causó sensación.

Este 6 de abril se cumple medio siglo del fallecimiento de Ígor Fiódorovich Stravinsky, genial compositor y director de orquesta ruso, autor de la célebre “La consagración de la primavera” y uno de los músicos más importantes, vitales y trascendentes del siglo XX.

El creador de otras populares y emblemáticas piezas como “El pájaro de fuego” (1910) y “Petrushka” (1911), murió en Nueva York a los 88 años y fue enterrado en Venecia en la isla del cementerio de San Michele.

Stravinsky nació el 17 de junio de 1882 en Oranienbaum; hijo de un cantante de ópera, desde su infancia tomó clases particulares de piano. De 1903 a 1905 estudió composición bajo la tutela de Nicolái Rimski Korsakov. En 1910 cambió su residencia habitual, primero a Europa y después a Estados Unidos.

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La consagración de la primavera

A lo largo de su vida, compuso más de 120 obras, atravesadas por estilos como el primitivismo, el neoclasicismo y el serialismo, sin embargo es conocido mundialmente sobre todo por la trilogía del llamado período ruso -“El pájaro de fuego”, “Petrushka” y “La consagración de la primavera”- ballets clásicos, atrevidos e innovadores a los que se señala como reinvenciones del género.

El músico y gestor cultural argentino Martín Bauer, actual director de la maestría en Ópera Experimental de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (Untref) considera consultado por Télam que Stravinsky “es sin dudas, junto con Arnold Schoenberg unos de los dos compositores más influyentes del siglo XX”.

“Si bien, a diferencia de su colega vienés, ni fundó una escuela ni tuvo discípulos declarados, el surgimiento de su música, a principios del siglo XX – y sobre todo su legendaria obra ‘La consagración de la primavera’- generó una corriente musical que aún sin nombre, habría de afectar por adherencia tácita o implícita o por contraposición, a toda la música posterior”, subraya Bauer.

Puesto a fundamentar ese carácter de la obra, señala que “irrumpió surgiendo de otra tradición que no era la sinfónica occidental en el sentido retórico. No conservaba el tipo de estructuración de la tradición clásica, no remitía a modelos previos ni conocidos y, desde el punto de vista de los materiales, era totalmente novedosa armónicamente, instrumentalmente y, sobre todo, rítmicamente”.

Stravinsky y la Argentina

Quien dirige desde su creación el programa “Colón Contemporáneo” del máximo coliseo argentino fue director general y artístico del Teatro Argentino de La Plata (2015- 2019), y creó y dirigió el Ciclo de Conciertos de Música Contemporánea del Teatro San Martín en sus primeras 20 temporadas, abunda que “en la música de Stravinsky había algo salvaje, mezcla de algo primitivo y un grado de estilización extraordinario que denotaba su gran nivel técnico y talento”.

Tendiendo puentes entre esas creaciones y nuestro país, Bauer apunta que “para los argentinos, su música tuvo además un interés adicional: fue apasionadamente difundida por Victoria Ocampo -afortunada espectadora del escandaloso estreno parisino de ‘La consagración de la primavera’ en 1913- que rápidamente detectó que había escuchado un milagro musical”.

Junto a Beatriz Sarlo, Bauer plasmó la historia de la amistad entre Ocampo y Stravinsky en el espectáculo “V.O.”, que se estrenó en el Centro de Experimentación Teatro Colón en julio de 2013.

En el portal Russia Beyond se reseña la primera visita del músico a la Argentina, en 1936, un acontecimiento que “causó sensación”.

“El querido visitante recibió innumerables telegramas de bienvenida de parte de las personalidades más representativas del entorno cultural, y el entonces director de la Opera-Teatro Colón, Athos Palma, acudió en persona al encuentro de Stravinski en la capital uruguaya”, se evoca allí.

Entre los conciertos ofrecidos por Stravinski en calidad de director y pianista, estuvo “Perséphone”, un melodrama escrito por el compositor con texto de André Gide, del que Jorge Luis Borges se encargó de la traducción al español y Victoria Ocampo ofició como narradora.

En el prólogo de la primera edición de la biografía de Stravinsky “Crónicas de mi vida”, publicado por la editorial Sur, Ocampo escribió: “Desde el primer contacto, la aspereza, la extraordinaria violencia rítmica de la ‘Consagración…’ me hablaron de un genio” y tal vez por ello se refería al músico como “mi primer gran amor moderno”.

En 1960, con 78 años, Stravinsky regresó a Buenos Aires para un ciclo del Mozarteum. El 29 de agosto, durante un reportaje le preguntaron qué pensaba de América Latina y respondió: “Lo primero es que algunas habitaciones de hotel son demasiado antiguas y otras demasiado nuevas. Los desiertos y las selvas, con su clima tan extremo… Y las caras de las orquestas sinfónicas, que parecen haber salido de las tumbas de los incas… Y el nacionalismo; cada país odia a su vecino”.

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