19/05/2024

La supervisión de una obra de desagües en el noroeste de la capital cordobesa fue la excusa para el reencuentro entre el gobernador Martín Llaryora y el intendente Daniel Passerini después de varias semanas de una fría relación entre ambos. 

Las tensiones entre el gobernador y quien furra su segundo se deben a a decisiones que se tomaron en la Ciudad y no son compartidas por el gobernador; la incomodidad en el Municipio por los funcionarios heredados del llaryorismo y los reproches cruzados entre funcionarios de las dos administraciones.

Tensiones que habilitaron que el sector de la senadora Alejandra Vigo, una de las porciones con más peso del PJ en la capital cordobesa, intentara un desembarco más profundo en la gestión de Passerini. Administración que, al igual que la de Llaryora en la Provincia, fue el foco de duras críticas de la oposición en los últimos meses.

El arco opositor compuesto por los socios del juecismo y el deloredismo le encontró el mentón al oficialismo en el Concejo con errores no forzados como la polémica compra de uniformes de la Guardia de Seguridad Urbana de manera directa y a una empresa sin experiencia en el rubro y en la cual, uno de los socios, está vinculado al PJ.

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Casi en simultáneo con ello, Passerini decidió a principios de marzo la expulsión de su gabinete de quien era hasta ese momento el secretario de Transporte, Gabriel Bermudez, involucrado en una denuncia por violencia de genero. Decisión que el intendente y el secretario de Gobierno, Rodrigo Fernández, le comunicaron a Bermúdez a días de la salida de los correntinos de Ersa y el traspaso de líneas y trabajadores a la estatal Tamse.

El intendente Passerini arrancó la gestión con un escándalo por la compra de uniformes para la nueva Guardia Urbana, por contratación directa a una empresa sin antecedentes y vinculada a un empresario con vínculos en el peronismo.

Dejando al área sin secretario a cargo y con Fernández absorbiendo la cartera de manera provisoria y con varios reclamos que motivaron una acalorada reunión con pedidos de renuncia hace poco más de una semana.

Crisis que puso en evidencia el senador Luis Juez, que denunció la administración de los subsidios al transporte en la gestión municipal. Passerini, tras el pedido de investigación juecista decidió ampliar la presentación y exigir que se investigue desde 2003 a la fecha. Es decir, desde cuando Juez fue intendente hasta la gestión que antecedió a Passerini, con el gobierno municipal de Llaryora incluido.

La senadora Alejandra Vigo.

Esta decisión de Passerini motivó enojos en los despachos del Panal -como llaman al edificio neobrutalista de la Gobernación- con algunos funcionarios que conservan terminales en el Municipio. «Martín no entrega a los propios», dijo a LPO un funcionario de Llaryora.

En este cima de inestabilidad, en la Municipalidad estudian algunos cambios en la estructura, mientras se hace cada vez más evidente la incomodidad con los funcionarios heredados. La secretaría de Participación Ciudadana que hoy lidera Juan Domingo Viola, podría tener un cambio de mando; al igual que la secretaría de Ambiente que lidera Jorge Folloni.

Viola, de pasado viguista, viene de la gestión de Llaryora en el Municipio y hubo alguna tensión con los despachos del Palacio 6 de Julio, sede de la Municipalidad cordobesa. Por lo que, una salida «hacia arriba» y con cambio de administración podría habilitar el desembarco de la viguista Carolina Martín. Que actualmente, y con mucho protagonismo, secunda a Fernández en la secretaría de Gobierno.

La senadora Vigo quiere incorporar a dirigentes de su entorno al gobierno de Passerini, para evitar un «desmoronamiento acelerado» de la gestión municipal.

Martín es esposa de Pablo Ovejeros, legislador del oficialismo en la Unicameral, distanciado de algunos rivales de Passerini que tiene el bloque de Llaryora y hoy un legislador que puede terciar en sesiones tensas como lo son todas a partir de la paridad legislativa en Córdoba. Ovejeros, por pertenencia al viguismo, interactúa con Passerini y abre esa negociación por dos vías: gabinete municipal con su mujer y en la Unicameral.

Folloni, por su parte, es un llaryorista paladar negro que también viene de la gestión anterior y negocia un cambio de aire. Su reemplazo podría ser Constanza Mías, una de las passerinistas que tiene la gestión.

En los pasillos del Municipio sostienen que hay otros ruidos y que algunos se animaron a señalar: «no me voy, échame».

El viguismo, por su parte, reconoce tener cuadros para poner a disposición de la gestión en otros despachos del poder que van desde secretarías en ministerios o bancas en la Unicameral. «Hay cuadros, conocimiento territorial y gestión. Si llaman, estamos», dijo un viguista a este sitio y reconoció que hubo una merma en la salida de dirigentes del espacio con la reaparición del exgobernador Juan Schiaretti hace unas semanas.

«La vuelta a escena del ‘Gringo’ frenó la sangría y Alejandra tiene olfato, va a entrar y jugar cuando quiera. Pero, sobre todo, cuando se lo marque Schiaretti. Antes no», dijo una viguista que conoce al matrimonio y la estrategia de arropar a Passerini para ser el contrapeso a Llaryora.

Y agregó que «cuando Vigo se muestre será para evitar un desmoronamiento o desacelerarlo».

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