07/02/2023

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Cientos de miles de argentinos coparon el Obelisco para festejar con los campeones del mundo

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Con la bandera argentina flameando una marea celeste y blanca espera por la seleccin Foto Camila Godoy
Con la bandera argentina flameando, una marea celeste y blanca espera por la selección. Foto: Camila Godoy

Cientos de miles de personas teñían de celeste y blanco este mediodía la zona del Obelisco, en el centro porteño, algunos con réplicas de la Copa del Mundo y una tercera estrella agregada a la camiseta, en un clima de algarabía absoluta a la espera de ver de cerca el micro que traslada al seleccionado argentino y celebrar la conquista del tercer título de la historia obtenido en Qatar.

«Pasamos la noche acá con la ilusión de ver este equipo campeón de la mano del mejor del mundo», dijeron a Télam Candela (19) y Ailén (20) que junto a casi una decena de amigas, todas jugadoras de fútbol, vinieron desde el partido bonaerense de La Matanza para pasar la noche en el Obelisco.

«Lo único que queremos es ver a nuestra Selección, la vamos a esperar acá y después correremos el micro a donde sea que vaya», señalaron tras la vigilia las jóvenes, fanáticas del fútbol «desde chicas», con cansancio pero con las expectativas intactas.

Para el grupo de futbolistas «esto es algo que no se nos olvida más, ser contemporáneas de (Lionel) Messi es lo más hermoso que hay».

Las escenas de jóvenes subidos a los techos del Metrobus se multiplicaban a la largo de la avenida 9 de Julio, a donde confluían familias y grupos de amigos, y donde sonaban de fondo los cánticos de aliento al equipo campeón con la ya mítica «Muchachos…. «, repitiéndose sin cesar.

Vista area de la caravana en el Obelisco Foto Leandro Blanco
Vista aérea de la caravana en el Obelisco. Foto: Leandro Blanco

«Pasamos la noche muy esperanzados de poder ver a Lionel y todo el equipo, que regaron de gloria una vez más este suelo y nos hicieron felices a todos», contó Luciano (31), oriundo de la localidad bonaerense de Dolores y fanático de Diego Maradona, a quien lleva «tatuado para siempre» en su piel.

«Vivir esto es un encontronazo de emociones», agregó el joven, quien agradeció poder «vivir este sueño» con su abuelo, que fue quien le transmitió «esta hermosa pasión» por el fútbol.

«La muerte del Diego me dejó el abrazo más puro y sentido de mi vida con mi abuelo. Con esta copa lo volvemos a vivir», expresó a Télam rodeado por amigos y primos en las cercanías del Obelisco.

En la punta del emblemático monumento porteño varios jóvenes se asomaron desde temprano por las ventanitas, desde donde hicieron flamear banderas, pero fueron evacuados horas después por personal de Bomberos de la Ciudad que además realizó un corte parcial en la escalera interna del monumento para evitar que los hinchas trepen a la cima.

Otros ya habían conseguido subirse los semáforos para aguardar la llegada del micro con el equipo campeón que partió desde el predio de la AFA en Ezeiza poco antes del mediodía.

«Los futbolistas se acercarán a saludar a los hinchas desde la Autopista 25 de Mayo y 9 de Julio, de acuerdo al circuito dispuesto por los organismos de seguridad (Nación, Provincia y Ciudad de Buenos Aires)», informaron de la cuenta oficial del seleccionado campeón sobre el recorrido.

Cuando comenzó a correr la información de que el micro con los jugadores y la copa no llegaría al Obelisco, miles de personas comenzaron a moverse, primero a la Plaza de Mayo, y luego a la Autopista 25 de Mayo y 9 de Julio, donde se espera que los campeones, con la copa en mano, saluden a los argentinos.

Cientos de miles de hinchas tean de celeste y blanco en la zona del Obelisco Foto Camila Godoy
Cientos de miles de hinchas teñían de celeste y blanco en la zona del Obelisco. Foto: Camila Godoy

Como desde el primer festejo después de la victoria de la Selección con México en Doha, la multitud portaba banderas argentinas, remeras, gorros y carteles con los nombres de los jugadores, y en medio del calor quedaban a la vista los cuerpos pintados y los tatuajes, muchos en homenaje a Messi y Maradona.

Pasadas casi 48 horas de la consagración de la Selección en el estadio Lusail con la victoria ante Francia, se veían muchas cabezas rapadas y tatuajes con la fecha «18 de noviembre de 2022 Argentina se consagró campeón una vez más», que denotaban promesas hechas en medio del fervor, que ya fueron cumplidas.

Luciendo orgulloso su remera que reza «Tricampeón del mundo», Juan llegó esta madrugada desde Santa Fe con su hijo y su nieto, a la espera de la Selección.

«Es un orgullo nacional y lo mejor que tenemos, lo mejor que nos pudo haber pasado como país», aseguró el hombre de 76 años, evidentemente emocionado.

Junto a él, su hijo Ricardo añadió: «Es una alegría enorme vivir esto juntos, tres generaciones que nos fuimos transmitiendo el amor por el fútbol».

«Cada vez que Argentina gana venimos a festejar a Buenos Aires, queremos alentar y estar cerca de este equipo que dejó todo por nosotros», coincidieron.

Telam SE

Iluminada, o Lumi como le dicen, tiene 95 años y en este mediodía de un calor abrasador se acercó con su hijo Juan Bautista a vivir «esta alegría con toda la gente».

«Ella es española y hace 76 años que está en Argentina. Si bien nunca se olvida de su tierra natal, es profundamente argentina», contó el hombre, mientras su madre sonreía en su silla de ruedas.

«Quería vivir los festejos y esta alegría con toda la gente, por eso la traje a que viera como se preparan para ver a la selección», agregó en diálogo con Télam.

Lumi contó que vivió el partido con «mucha serenidad, confiada», y dijo sentirse «muy feliz con esta alegría más que se suma».

Florencia, Brian y Marcelo vinieron desde Avellaneda al Obelisco con sus cuatro hijos de entre 2 y 8 años.

«Para todos nosotros es la primera vez que vemos Argentina campeón y vivirlo con nuestros hijos es hermoso. Hasta que no venga el micro no nos vamos, los chicos están muy ilusionados», contaron a Télam.

«Estoy muy feliz por ser campeones y muy contento porque capaz puedo ver a Messi y Di María, mis máximos ídolos», dijo Bautista, el mayor de los niños, mientras los más pequeños se movían y bailaban al ritmo de los festejos que coparon el centro porteño.

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