07/02/2023

Nea Digital

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Sorprenderse y maravillarse con las diferencias entre el lugar del que venimos y en el que estamos es sin dudas uno de los momentos más felices de un viaje. En el Parque Nacional El Impenetrable eso pasa todo el tiempo.

Sorprenderse y maravillarse con las diferencias entre el lugar del que venimos y en el que estamos es sin dudas uno de los momentos más felices de un viaje. En el Parque Nacional El Impenetrable eso pasa todo el tiempo.

Desde el momento en que aterrizás en el aeropuerto de

Resistencia notás la diferencia con otros destinos. Es que no hay micros ni comerciantes que te ofrezcan hacer el viaje hasta el Parque Nacional y tu única opción para llegar es alquilar una camioneta 4×4. Pero al llegar la experiencia es totalmente inmersiva: el Impenetrable chaqueño no es solo el Parque Nacional, sino que el lugar propone un aprendizaje, una conexión con el entorno natural y a la vez con la cultura propia de ese lugar. Escuchar, aprender a esperar los tiempos, más lentos en el andar y en el habla, las formas de vincularse -se saludan con dos besos- de vivir, de comer y de hasta de trabajar.

Acá, las cinco razones por las que todos deberíamos viajar al Impenetrable chaqueño por lo menos una vez en la vida:

Hay que entrenar los ojos y adaptarlos. La visión en el Parque Nacional El Impenetrable es mucho más amplia y compleja de la que nos propone la pantalla acotada y brillante de la computadora. Lo entendí arriba de un bote, mientras hacía kayak por el río Bermejito, entre el agua marrón y las ramas caídas. Me costó distinguir eso que me marcaban una y otra vez y que yo, desesperada por verlo, no alcanzaba a encontrar. Hasta que, mucho después, lo vi: había unos ojos, hundidos en el agua, casi del mismo color. Eran los ojos de un yacaré. Ser parte del entorno es entender que a pesar de la emoción de estar, por primera vez, tan cerca de un animal salvaje en su hábitat, no se puede gritar. Tuve que adaptar el músculo del ojo también para distinguir un un oso hormiguero a lo lejos del camino y un chancho entre los árboles, ramas y pastizales del monte. Todas las veces fue igual: al principio no había forma de encontrarlo y un rato después, me acostumbraba y lo terminaba viendo clarísimo. La vista también se acostumbra de noche, cuando la negrura y las estrellas no tienen final, porque no hay luz que compita contra ese espectáculo sin horizonte, y parece que estás tan cerca del cielo que podés tocarlo solo estirando el brazo.

Si sos de las aventureras y te gusta salir de lo cotidiano el alojamiento del Paraje La Armonía, a 100 metros del Parque Nacional El Impenetrable, es tu mejor opción. Combina todo lo lindo del campamento con el confort de un cuarto de hotel. Es un formato al que no estamos acostumbrados, no solo por el lujo envuelto en una carpa gigante en medio -literal- del monte, en las alturas del bosque seco, con vista al río Bermejito. Sino por el cuidado y el respeto de ese espacio con el ambiente que lo rodea. La carpa es totalmente sustentable: la electricidad se obtiene a través de paneles solares y el agua llega a través de un sistema de recolección de agua de río decantada. Cada una de las carpas tiene un calefón a base de “leña campana”. Solo hay que avisar a qué hora lo vas a necesitar y en poco tiempo se prepara y calienta tan bien o mejor que en nuestras casas. Toda la experiencia está pensada para cuidar el contexto y la naturaleza que lo rodea. Aclaración: no hay wifi en las carpas, y eso es un acierto que obliga a conectarte con el entorno.

Graciela vive a 4 km del Paraje La Armonía y almorzar en su casa es un plan obligado. Nos recibió con la mesa puesta bajo la sombra de un quebracho, enfrente de un arco de fútbol hecho con palos y una pequeña cancha en la que corren y juegan siete de sus diez hijos. Antes de comer, nos lavamos las manos en una vasija con agua. El menú fue rico, casero y sencillo: empanadas de carne cortada a cuchillo y verdura, acompañadas con ensalada de lechuga y zanahoria. Para tomar, preparó una jarra con agua y hojas de menta que había sacado de la huerta y otra jarra con jugo de burrito y limón. De postre, dulce de mamón casero con queso.

En las carpas, todo está ambientado y decorado con productos hechos por emprendedores y artesanos de las comunidades de la zona: las alfombras, los individuales, las mantas de las camas. Muchas de esas artesanías se pueden conseguir en el Paraje la Armonía gracias al programa Emprendedores por Naturaleza de la fundación Rewilding Argentina. El objetivo es acompañar a los emprendedores de la zona en el desarrollo de productos y servicios para fomentar la protección de la vida silvestre y los ecosistemas naturales. “El monte de pie también tiene valor”, es la idea principal después de tantos años de deforestación y trabajos ganaderos. El objetivo es que se conviertan en guardianes de su entorno natural complementando la misión que tienen los parques de sostener la vida silvestre, los procesos naturales y la riqueza cultural.