20/07/2024

Con la participación del Ministerio de Producción, la Dirección de Ganadería, el Clúster Ganadero de Mendoza y la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCuyo, se desarrollaron las Primeras Jornadas de Producción de Forraje Bajo Riego para la Ganadería de Mendoza. Estas jornadas representaron un punto de inflexión en la promoción del incremento de la superficie forrajera bajo riego, esencial para garantizar el suministro de alimento en el sector ganadero.

Manuel Viera Aramburu, coordinador del Equipo Técnico del Clúster Ganadero de Mendoza, subrayó la importancia de estas iniciativas para el autoabastecimiento en carnes y la transformación de la matriz productiva. Destacó la necesidad de capacitación y entendimiento por parte de los productores en el negocio del bajo riego y la producción de forraje.

“Mendoza trabaja en seguir apuntalando el autoabastecimiento en carnes. Es decir, aumentar la proporción de carne que consumimos los mendocinos con valor agregado local. Con un ternero que, desde nacido, hasta que llegue a la faena sea con valor agregado en Mendoza”, sostuvo.

Producción de alfalfa en Mendoza

Un trabajo titulado Producción de alfalfa en Mendoza 2022, y realizado por Leandra Ibarguren, Cecilia Rébora, Alejandra Bertona y Diego Guerrero destaca que la alfalfa (Medicago sativa L.) es la principal forrajera del país y pertenece a la familia de las Fabáceas (Leguminosas). Su ciclo es perenne, de 4 a 6 años y es uno de los cultivos forrajeros más elegidos debido a que produce gran cantidad de materia seca de alta calidad y puede aprovecharse mediante pastoreo directo o conservarse en forma de heno mediante la confección de rollos, fardos o mega-fardos.

En Mendoza representa el 4,1% del área cultivada y el 60% de la superficie de cultivos forrajeros. La superficie total de alfalfa es próxima a las 13.900 hectáreas, siendo San Rafael, Malargüe y General Alvear los departamentos en donde se encuentran las mayores superficies cultivadas de la provincia, seguido por Lavalle y Santa Rosa, entre otros.

En la provincia de Mendoza y en general en todas las zonas agrícolas marginales de nuestro país, la actividad ganadera está aumentando debido a que es expulsada de la región pampeana, donde cereales y oleaginosas avanzan en importancia y ocupación. La incorporación de feedlots y pasturas bajo riego son los pilares fundamentales para dicha expansión y la alfalfa es la forrajera perenne que más se cultiva para dicho fin.

La escasez de precipitaciones, la alta heliofanía, la baja humedad relativa y la presencia de riego artificial son las características claves que permiten obtener altos rendimientos por hectárea y henos de excelente calidad (Bonazzola, 2020).

Años atrás y devenido de este trabajo, con la finalidad de conocer cuál es la situación actual de la producción de alfalfa en Mendoza se realizó una encuesta digital. De la misma participaron 40 productores, representando una superficie total de 1.150 hectáreas y el 53% de los encuestados pertenecen a los departamentos de San Rafael, Malargüe y General Alvear y el 47% restante a Santa Rosa, Lavalle, Rivadavia, Junín, San Martín, Las Heras, Luján de Cuyo y Tunuyán.

Tabla 1. Total de hectáreas cultivadas con alfalfa y con forrajeras perennes en los departamentos de la provincia de Mendoza, a junio de 2018. Fuente: INDEC. Censo Nacional Agropecuario 2018. Resultados definitivos.

El 52,5% de los encuestados realizan siembras mecanizadas, principalmente al voleo y con   menor incidencia a chorrillo en líneas.

El 77,5% de la semilla utilizada es fiscalizada, peleteada, con tratamiento cobertor, fungicida, insecticida e inoculante. Los productores y las agroquímicas   consultadas   coinciden   en   que   las   variedades   más   utilizadas   son   Monarca y Armona, ambas   de   grupo 8, seguidas   por   Brava y Patriarca, de grupo 9.  En las zonas más frías de Mendoza aparecen variedades como Regina, Victoria o Pampa Flor de grupo 6. Las características del ambiente en el que se implantará el alfalfar condicionan el grado de reposo invernal (GRI) a seleccionar. El GRI es una característica genética de la alfalfa por la cual, en respuesta a la disminución del fotoperíodo y a las bajas temperaturas de otoño-invierno, las plantas reducen su crecimiento (Guerrero y Rébora, 2022).    En    experiencias    locales, realizadas en la Facultad de Ciencias Agrarias de    la    Universidad    Nacional    de    Cuyo, con cultivares de los GRI  6 a 10, no se encontraron diferencias significativas entre los grupos, ni en el rendimiento ni en la persistencia (Rebora, et al.  2015).  Es decir que la selección del cultivar, en función de su GRI, no es determinante en el oasis norte de Mendoza.

En nuestra región –dice los expertos-, se recomiendan las siembras de otoño (marzo/abril). En esta época la presión de malezas estivales es menor que en las siembras primaverales. Según la encuesta realizada, la época de siembra elegida por los productores consultados es la otoñal (69%)    sobre    la    primaveral (31%). Cualquiera sea el momento de siembra elegido, el terreno debería estar libre de malezas perennes, fundamentalmente chipica (Cynodon  dactylon),  sorgo  de  alepo  (Sorghum  halepense) y  clavel  amarillo (Wedelia  glauca) esta última tóxica para el ganado. Para liberarnos de éstas malezas se sugiere un control químico con suficiente anticipación. Otra de las ventajas de las siembras otoñales es que las condiciones ambientales en   este   momento   favorecen un mayor desarrollo de las raíces, en comparación con la parte   aérea, lo que contribuye con el establecimiento del alfalfar y su persistencia.

En cuanto a la fertilización podemos observar que la mayoría de los productores no fertiliza y que el 55% realiza fertilizaciones fosfatadas. 

Las plantas de alfalfa por lo general sufren de deficiencias de fósforo. El síntoma más común de deficiencia de este nutriente se ve en las raíces y hojas subdesarrolladas que se vuelven de color verde azuladas. Muchos productores agregan el fósforo al campo durante la siembra, mientras que otros prefieren agregar una vez al año.

Muchos productores también agregan abono al suelo justo antes de la siembra y luego cada 2 ó 3 cortes, especialmente durante el segundo y el tercer año de la cosecha.

Respecto a la fertilización nitrogenada, en la mayoría de los casos no se realiza ya que este nutriente se obtiene por fijación biológica con las bacterias del genero Rhizobium.

Los rendimientos obtenidos entre los productores encuestados rondan los 15.000 kg/ha al año, observándose producciones mínimas y máximas entre 12.000 y 18.000 kg/ha.

En el momento de corte, todos los productores consultados tienen en cuenta el pronóstico climático para realizar las labores de henificado. El 60% de ellos no conoce el porcentaje de humedad de sus rollos o fardos; quienes si lo conocen utilizan higrómetro digital. Algunos productores mencionan hacer la prueba de humedad al tacto. Sólo el 22,5% de los encuestados sabe cuál es la calidad de su heno (proteína bruta y fibra) y el 52,5% de los consultados cuenta con el asesoramiento de un ingeniero agrónomo.

El 62,5% de los productores considera que el agua con la que cuenta no es suficiente para el riego del alfalfar. Además de la escasez de agua, los productores observan como limitante del crecimiento del cultivo de alfalfa en la Provincia los siguientes factores: falta de capital para invertir, falta de personal capacitado y de contratistas, informalidad del sector y falta de canales de venta, control de malezas, poca rentabilidad, inflación.

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