Bajo el lema de la esperanza y con una participación masiva, la comunidad saenzpeñense recorrió las calles en el tradicional rito de Viernes Santo. El obispo Hugo Barbaro llamó a «descubrir el sentido de la vida» a través de la fe.

En una jornada marcada por el recogimiento y la devoción, cientos de vecinos de esta ciudad protagonizaron ayer el tradicional Vía Crucis Ciudadano. La procesión, que ya es un pilar del calendario litúrgico local, transformó las calles en un escenario de profunda expresión espiritual para conmemorar la pasión de Cristo.

La marcha, organizada por la Catedral San Roque, inició su recorrido desde el templo céntrico y se extendió hasta la rotonda de las rutas nacionales 16 y 95. A lo largo del trayecto, familias, jóvenes y adultos mayores acompañaron las estaciones que rememoran el camino de Jesús hacia la cruz, manteniendo un clima de silencio y oración que se sintió con fuerza en cada parada.

Respaldo institucional y comunitario
El evento no solo convocó a la comunidad religiosa, sino que contó con la presencia de autoridades locales que se sumaron a la caminata. Entre los presentes destacaron el intendente Bruno Cipolini, el diputado provincial Edgardo Reguera y el concejal Pablo Hukosky, quienes compartieron el trayecto junto a los fieles en un gesto de acompañamiento institucional a una de las manifestaciones populares más importantes de la región.
Un mensaje de esperanza
El cierre de la jornada estuvo a cargo del obispo de la diócesis, Monseñor Hugo Barbaro, quien brindó una reflexión final centrada en la superación y el amor divino.
«La Cruz no detiene a Cristo, sino que nos encamina hacia el cielo», expresó el prelado ante la multitud congregada en la rotonda.
Barbaro enfatizó la importancia de la cercanía de Dios en la vida cotidiana, señalando que «el cristiano es alguien feliz porque ha sido salvado por Dios». Asimismo, instó a los presentes a utilizar la fe como una guía para encontrar el propósito en la vida.
La edición 2026 del Vía Crucis Ciudadano volvió a ratificar el fuerte arraigo de esta tradición en la identidad de los saenzpeñenses, consolidándose una vez más como un espacio de encuentro, reflexión y esperanza en tiempos de desafíos compartidos.
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